Arpegios, clarinadas, brumas y lampos
PRÓLOGO
Juan B. Guido poeta zacapense
1872-1933
Amé a la humanidad, y me
burlaron;
busqué ternura, y encontré
desvío;
pedí la muerte a la eternal
Justicia
y agonizando, como siempre,
vivo.
……………………………………………………
¿Cualquier mortal en su
esperanza fía
y sólo, necio, en mi pasión
burlada
no he de confiar en la
esperanza mía?
Así retumbe fragoroso el
trueno,
el aire silbe y con gigante
fuerza
las ramas tronche, las
encinas tuerza
y me salpique en su vaivén
de cieno:
que mi indomable corazón sereno,
en algo fuerte, inmaterial,
confía:
¡Y si lucha y resiste como
bueno
el noble triunfo gozará
algún día!
Porque de no haber malo,
tampoco hubiera bue- no, como no habría noche sin haber el día. Juan B. Guido
sufrió la lucha interna, iba a decir la lucha eterna de la decepción y la
esperanza, contracción y desafío. todo y nada. lo que él llamó Brumas y Lampos.
Así, humano, sensible,
profundo, con la visión de los profetas y de los poetas, vivió su pueblo, el
Zacapu del final de siglo, que era esperanza por los nuevos años, y que nada
trajeron a los que esperaban, sino surcos rojos por aquella tierra.
Estos fueron los años en el
atrio, donde los árboles veían pasar el tiempo y le dijeron: tú que puedes,
escríbelo. Allí con la paz donde también fue camposanto, el viento le dictó sus
versos.
"... un espíritu que
cantó toda una vida de Arpegios y Clarinadas, la divina expresión de sus
ansiedades y de su perenne soledad, aprisionada en los sólidos muros de la
incomprensión popular"
"De la incomprensión
popular" quizá sea la referencia a que en el Zacapu de esos años la gente
no podía comprender a un poeta de avanzadas ideas.
De Juan B. Guido el que tenía
la firma en forma de "manita," se dijo que por haber leído tanto, llegó
a tener dudas en la fe, y que pagaba una penitencia en sus diarios paseos en el
atrio, rezando a las doce el rosario a las ánimas. Esto es poco probable porque
"fue gran admirador de Hidalgo y de Morelos, y en sus conferencias
filosóficas predominaban las ideas liberales. y sustentó ideas revolucionarias
en los años que pre- cedieron a 1910".
Juan B. Guido fue un hombre
solo, sin embargo, bien se comunicó por correspondencia con Rubén Darío, Juan
de Dios Peza. Ignacio Manuel Altamirano. Salvador Díaz Mirón y Amado Nervo.
Los poetas han escrito:
"A las soledades voy, de las soledades vengo, que para andar conmigo me
bastan mis pensamientos" y es que la filosofía de sus pensamientos los
aparta del amor a lo material, y a lo vano, y los aparta también de quienes así
piensan.
Quizá por ello. Juan B. Guido
como los pocos sabios que en el mundo han sido. busco a las almas buenas que
otros valores tienen. valores que no brillan ni se cambian, es la amistad, no
el dinero, la honestidad no el vestido. el sentido de estar juntos, no de
aislarse en egoísmo, el encuentro. no el concurso. todos tienen que aportar, y
es vana la competencia.
El respeto a la naturaleza, no
las ganancias que produce, y el amor por la tierra, que es la madre, y no se
vende.
Esta respuesta a la vida, la
encontró don Juan B. Guido, en la gente de la sierra, de los lagos y caña- da.
en Naranja y Tarejero y Tiríndaro también, aprendió a hablar el P'urhépecha su
tradición y cultura, allí encontró su refugio, hablaba con todos ellos, cuando
venían el domingo a vender fruta y ocote.
Allí encontró la respuesta, a
la pregunta de siempre cuando se está en soledad, allí donde el hombre empieza
a escribir su propia historia, allí cuando se libera de lo banal y la escoria.
En la necesidad de creer para
mantenerse vivo. don Juan B. Guido creyó en la gente buena. Los P'urhépecha
fueron esa gente buena. Y con ellos, encontró como ellos:
"Juchari uinapikua":
la fuerza de estar juntos.
¿Qué voz sonora entre la
selva llama
con dulce y subyugante
poderío
y viene a despertar el
caserío
que en lumbre de oro y de
carmín se inflama?
El bronce suena, la paloma
gira;
la oveja sale al redil
amado,
y entre las matas el pastor
mira
tranquilo conduciendo su
ganado.
¡Es una aurora! ¡Corazón,
respira!
Quien pudiera ser leído y
recordado por los que no habían nacido cuando ya nos hemos ido.
Usted que tan solo estuvo, y
tan acompañado ahora por los que nunca lo vimos. No sabemos quién más gana, si
usted al ser recordado, o nosotros recordando a quien nunca conocimos, y que
sin embargo vemos en el atrio de Santa Ana, rezando sus propios versos.
dejándonos reflexión cuando no hallamos la paz, bus- cando en lugar errado.
Así quedó en sus palabras. del
poema A Todos los Vientos:
... contened la brida; que en polo
contrapuesto está la cumbre.
A los antiguos de nuestro
Zacapu. porque sin ellos, nosotros no hubiéramos sido.
-
Challa Pulido.